lunes, 2 de noviembre de 2015

¿ORTO U OCASO?





No lo sabía. Hacía horas que se había quedado dormido en la cubierta que compartía con otras quince personas, incluidos tres niños. El cansancio de días de navegación y la parada del  motor en medio de un mar calmo, lo habían sumido en una total inconsciencia. Sólo recordaba que había soñado con una gran cascada de agua que descendía en volutas espumosas desde mucha, mucha altura. Cuando despertó tenía la boca reseca y mucha sed. Los dientes despuntaban entre sus bembones labios como lápidas. Sus ojos echaron chispas tratando de buscar los festones blancos de la costa. Pero el barco estaba al pairo y el capitán había desaparecido.

viernes, 13 de marzo de 2015

TSUNAMI




A una imponente altura la ola se levantó sobre su base y avanzó veloz, llevándose todas las miserias enjambradas por los humanos, en loca carrera destructiva. Como sochantre inexperto puse la mano delante de mi cara para parar aquel mar de nieve que se venía encima y, en el último instante, percibí todos los vividos colores aplastándose contra mis parpados. Una fría visión rojiza y amarga avanzó estruendosa hacia el fin. Luego la nada

jueves, 20 de noviembre de 2014

¡ESPERANDO EL INVIERNO!



Llovía en el bosque. Las hayas se desnudaban perdiendo colores para donarlos a la fronda. Una rara calma aguardaba los primeros fríos copos, mientras las ramas  aliviaban  su carga para recibir otros pesos. Vacío, pretendí llenar mi mente con una plegaria. ¡Quedé mudo, no me quedaban palabras!

viernes, 30 de mayo de 2014

CRUCIS NEBULA




El final lejos. La mañana, recién comenzada, iba perdiendo sudores, los pies aun frescos, las ideas claras. Algún licurgo estaba poniendo sabiamente las cosas en su sitio y ......allí estaba Ella, con su fuerza y su debilidad. No habían aparecido aún los propagadores de mentiras, los pirómanos de herejes, los mistagogos. Miré a mi compañero y salimos a toda prisa, impacientes por llegar a donde nos sabíamos esperados. 


jueves, 29 de mayo de 2014

DUENDES


Lo sorprendimos subido en una piedra, agazapado detrás de un árbol en la espesura del bosque. Parecía estar pensando con la cabeza  inclinada, como debajo de la ducha. Era el día de reflexión y no sabía a quien votar. ¿Verdes, azules o rojos? Cuando el presente se muere el futuro está representado sólo por el deseo y el temor.

lunes, 28 de abril de 2014

LUCES DE INVIERNO-JUBILACION




Me quedan aún algunos rescoldos sentimentales que mantengo vivos, a duras penas, mientras pasan las garúas invernales con recuerdos de tiempos pasados más felices. He llegado a una edad en la que no hay mucho que me pueda perjudicar, salvo mi jactancia verbal.


SUEÑOS

Somos dos parejas de amigos atravesando la selva. Vamos por un camino ancho y polvoriento franqueado de árboles donde abundan animales. Cuando encontramos concentraciones grandes de ellos, yo les asusto con un palo largo y flexible que golpeo en el suelo levantando nubes de polvo. Hemos avanzado bastante y todos los animales parecen apartarse de nosotros con facilidad ante mis intimidaciones. Voy ganando confianza con mi gran vara, pero tenemos que atravesar, pienso para mi, una zona donde hay probabilidad de que nos topemos con leones y esto me da algo de temor. Yo sigo pensando que al ser cuatro seres humanos juntos, los leones, por fieros que sean, se portarán como el resto de los animales que hemos visto cuando, de repente , aparece mirándonos de cara un fiero león macho sentado en la mitad del camino.

Yo le digo a mi compañero que golpee el suelo con el palo, que ahora lleva él, mientras que yo trato de hacer lo mismo con una cuerda débil y no muy gruesa que se dobla con  facilidad y que manejo a manera de un látigo. Pero no soy bastante hábil para golpear con fuerza el suelo e intimidar al león que ahora se ha puesto a cuatro patas y hace ademanes de querer venirse hacia nosotros mientras se relame el hocico. Yo empiezo a golpear la cuerda sin cesar en el polvo del camino, mientras le grito a mi amigo, que empieza a separarse de mí a un costado del camino, que se junte conmigo y que golpee también la tierra con la vara larga que lleva ahora él. Pero éste, que parece temeroso de la fiera, no me hace caso y ya está en la orilla del camino, por lo que yo tengo que ir arrimándome a él para que el león no nos vea más separados.

Pero el león, lejos de asustarse, empieza a caminar decididamente hacia mí y le grito más y más a amigo, mientras que doy, ahora sí, frenéticos cordelazos al polvo gritando ATRAS, ATRAS.